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Influencia de la meditación en la tolerancia a estímulos dolorosos

En la actualidad la meditación se está considerando como una buena técnica de tratamiento del dolor, la ansiedad y la depresión entre otra sintomatología (1, 2, 3). La meditación como demuestran diversos estudios produce cambios bioquímicos y eléctricos en nuestro sistema neuroendocrino,haciendo que síntomas como la ansiedad, el miedo y el dolor puedan ser controlados. 

http://www.ifgm.es/sites/default/files/fisioglobal8.pdf

La meditación modifica nuestra experiencia subjetiva del dolor a través de la alteración de las dimensiones afectivas, sensoriales y cognitivas (4).
Utilizando pruebas por imagen pueden observarse los cambios que se producen en el cerebro del meditador (5). Así empleando el SEPECT (single photon emission computed tomography) se han podido visualizar diferencias en la actividad cerebral del meditador en comparación con el no meditador. La actividad cerebral de los meditadores, tanto en situación basal como en meditación, es mayor en el área pre frontal izquierda, la corteza cingulada anterior, y la ínsula anterior (6). En el estudio más reciente de Zeidan et al. (2012) a través de la neuroimagen se observa en los meditadores la activación de determinadas áreas relacionadas con el dolor como son la corteza cingulada anterior, la ínsula y el tálamo, disminuyendo a su vez la actividad de la corteza prefrontal media, corteza orbitofrontal, dorsolateral y la amígdala, áreas involucradas con la emoción y la memoria. La meditación
a través de la atención reduce el procesamiento aferente en la corteza somatosensorial primaria. La disminución de la intensidad del dolor se asocia con una mayor actividad en la corteza cingulada, área involucrada en la cognición.
El área pre frontal izquierda está directamente relacionada con las emociones positivas y posee conexiones bidireccionales con la amígdala, estructura hiperestimulada con emociones negativas y el dolor, pero por otro lado regulada con la meditación. El incremento de actividad cerebral producido en determinadas zonas favorece la liberación de endorfinas, encefalinas, serotonina y gaba, neurotransmisores que sin duda juegan un papel importante ante la presencia del dolor. En el momento de pedir una concentración para meditar aparece un estrés fisiológico, que hace que se estimule el sistema simpático; la adrenalina liberada en este momento estimula al hipotálamo que produce cantidades fisiológicas de factor liberador de corticotropina (CRF+) activando a la hipófisis, ésta al ser estimulada produce proopiomelanocortina (POMC+) que se descompone
en dos moléculas de adenocorticotropa (ACTH+) para activar las glándulas suprarrenales, lo que provoca la regulación de cortisol y la producción de endorfinas. A partir de este momento, llegan simultáneamente cortisol y endorfinas a la amígdala para la liberación de CRF+ que estimula los núcleos rafe y a su vez produce serotonina para regular a la amígdala y estimular al hipocampo, el cual liberará gaba y actuará sobre el hipotálamo. Además la liberación de serotonina favorece la secreción de encefalinas.


La práctica habitual de meditación hace que el funcionamiento del eje hipotálamo-hipofisario-adrenal esté siempre encendido, funcionando en las mejores condiciones, con una mayor secreción de las hormonas del bienestar o mediadores del dolor como son las endorfinas, encefalinas y serotonina (7).

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