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Espondiloartrosis

¿Qué es?

La artrosis o espondiloartrosis es la degeneración de las estructuras óseas articulares formadas por los discos intervertebrales y por las articulaciones posteriores. Esta degeneración del cartílago articular puede afectar a cualquier parte de la columna vertebral sea a nivel cervical, dorsal o lumbar.

En una radiografía se puede observar en las fases más evolucionadas,  la aparición de calcificaciones de los ligamentos, un ensanchamiento del cuerpo vertebral o incluso la fusión de las vértebras, lo que se conoce como anquilosis.

Causas

Existen causas intrínsecas, propias de la persona, determinadas por factores metabólicos, constitucionales o propias de la edad. No obstante las causas extrínsecas suelen tener mucha importancia en la aparición de artrosis cervical o lumbar. Así por ejemplo, una postura inadecuada de la columna (hiperlordosis, hipercifosis, etc), una sobrecarga excesiva en el trabajo o incluso un desajuste en la alimentación, pueden favorecer la alteración del cartílago articular.  

Síntomas

En general debemos considerar la artrosis como un proceso de envejecimiento natural del cuerpo, siempre y cuando ésta aparezca correlacionada con la edad. Cuando la degeneración es severa o cuando aparece en temprana edad, ya no forma parte de la evolución natural sino de un desequilibrio que puede provocar dolor a medio o largo plazo. Debido a las particularidades mecánicas de la región cervical y lumbar, es aquí donde suelen aparecer mayor sintomatología y más grave.  Además del dolor local, hay una limitación a los movimientos y rigidez muscular. Las personas con artrosis lumbar suele quejarse más al inicio del movimiento, ejemplo al levantarse de la cama o de la silla, y no tanto cuando caminan durante un rato. Cuando la artrosis es cervical, manifiestan un dolor en el cuello que irradia hacia los músculos trapecios, con rigidez de los músculos del cuello y movimientos limitados principalmente en rotación de la cabeza, incluso acompañados de crepitaciones.

Diagnóstico

 Además de la información que obtenemos a través del examen clínico, es imprescindible una radiografía. En ciertos casos, cuando los síntomas son severos, se puede acompañar de TAC.  

Tratamiento

Habitualmente el tratamiento conservador suele ser la primera elección. Existen unas normas útiles como: la adecuada información por parte del profesional sobre su lesión, adecuada ergonomía en el trabajo, adelgazar, realizar actividad física suave como caminar o nadar, prescripción de algunos medicamentos en fase aguda recomendados por su facultativo (antiinflamatorios y analgésicos por ejemplo)  y sobre todo fisioterapia.El tratamiento quirúrgico suele ser la última alternativa y sólo cuando los síntomas son graves practicándose una fusión de las vértebras mediante osteosíntesis (aplicación de clavos y placas para artrodesar las vértebras afectas)Existen publicaciones serias que demuestran como un buen programa de fisioterapia hace disminuir la sintomatología y aumentar la funcionalidad. En este sentido, el método Mézières está especialmente indicado pues trata de reequilibrar las tensiones de las cadenas musculares, rearmonizar la postura y aliviar el dolor. Así por ejemplo sabemos que cuando existen curvas vertebrales muy acentuadas o muy rectificadas, pueden ser factores de riesgo para sufrir presiones anormales sobre los discos o sobre las articulares posteriores.  La alimentación también juega un rol muy importante. Un exceso de radicales libres favorece la destrucción celular acelerando la degeneración, o bien una alimentación muy acidificante provoca la pérdida de minerales como el calcio y magnesio fundamentales en la arquitectura del hueso.

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